41. Te dije que lo distraería.
Bleid salía de la habitación de Audrey, despacio, comportándose de la misma manera que lo haría un ladrón, un intruso.
Aunque, eso era en la casa de los Vangelis, ella podía ser su esposa, pero eso no impedía que su hermano no deseara matarlo o que él mismo no deseara hacer eso mismo con su “cuñado” por lo que para cumplir el deseo de su esposa de un vaso de agua tenía que ser cuidadoso, bajar hasta la cocina y regresar.
Pero cuál fue su sorpresa al ver cómo Ravel, su amigo, subía de la mano d