182. ¿A qué has venido?
Desde las sombras más profundas del recinto, el ser corrupto emergió lentamente, como una pesadilla materializada. Su figura retorcida irradiaba una presencia siniestra, envileciendo todo cuanto tocaba. Una corrupción palpable se extendía por el ambiente, ensuciando incluso los pensamientos de Joel.
Su rostro permanecía impasible, oculto bajo una expresión gélida y sin emociones. Parecía disfrutar con el sufrimiento ajeno, deleitándose con el tormento que generaba en aquellos que se atrevían a