170. No sabes cuánto te extrañé.
Audrey sintió cómo su espalda se adhería al fresco azulejo de la ducha, formando un contraste delicioso con el calor ardiente que emanaba de su esposo. Los labios ansiosos de Bleid trazaron un sendero de deseo descendiendo por su cuello, dejando un rastro de besos y suaves mordiscos que despertaban sensaciones intensas en su piel. Cada contacto era una promesa de pasión y entrega.
Con manos expertas, Bleid acarició los senos de Audrey, dedicando atención individual a cada uno, mimándolos con de