Un gimoteo de Theo hizo que los hombres dirigieran sus ojos al niño.
–¿Y el cachorro? –Gabriel preguntó entre dientes. Casi desearía que su luna fuera una humana. Casi.
–Eso no lo sé. –El intruso mira al niño, pero puedo ver en sus ojos que hay algo que no dice.
–Habla.
Gabriel no estaba para verdades a medias, necesitaba toda la información. Tenía que saber a que se estaba enfrentando, quién era en realidad su compañera y el cachorro. Solo así sabría cómo defenderlos.
–Cuando Lisa se fue…