La puerta se cerró con un portazo seco marcando la abrupta partida de Helena. El eco del golpe aún vibraba en las paredes mientras su perfume barato a lavanda y la estela de su furia quedaban suspendidos en el aire, como un recordatorio tangible de la tensión que acababa de estallar.
Ethan permaneció inmóvil, con sus ojos de acero clavados en la puerta que Helena había atravesado momentos antes. La intensidad de su mirada parecía capaz de perforar la madera, como si con ello pudiera deshacer el