La emoción en los ojos de Adrián era evidente cuando, al salir de la empresa, sujetó la mano de Ava con fuerza y le anunció con orgullo su plan para el resto de la tarde.
—Hoy vamos a ver películas y comer palomitas, ¿verdad, papá?
Ethan, que caminaba a su lado con las manos en los bolsillos, simplemente arqueó una ceja sin responder de inmediato.
—Tú lo decidiste, supongo —dijo con indiferencia.
—¡Sí! Y Ava tiene que ponerse pijama, porque es una pijamada —decretó Adrián con la seguridad de un