El aire en la habitación estaba cargado, denso con la tensión que crepitaba entre ellos. Ava aún sentía el ardor en sus labios tras el beso salvaje de Ethan, y el eco de su cuerpo presionado contra la pared. Su respiración era errática, su corazón palpitaba con furia contra su pecho, y aún así, se negaba a ceder ante la mirada oscura y hambrienta de Ethan.
—Te odio —espetó, con la voz apenas en un murmullo.
Ethan esbozó una sonrisa ladeada, cruel, devastadoramente arrogante.
—No lo suficiente.