El zoológico, con su caos ordenado de animales y risas, parecía un refugio de diversión para los niños, pero no todos estaban allí por la misma razón. Mientras los adultos, Ethan y Ava, permanecían junto a los bancos, observando a los niños, los pequeños Adrián y Donkan estaban en su propio mundo, correteando por entre las sombras y la luz del mediodía. Sus risas resonaban por los pasillos, mientras sus pequeñas mentes formulaban un plan tan travieso como su comportamiento.
Adrián, con su cara