Ethan soltó una risa suave cuando Ava, entre lágrimas y carcajadas, le dijo que eran las hormonas. Con delicadeza le pasó el pulgar por la mejilla y besó su frente con ternura.
—Entonces vamos a casa, ¿sí? —murmuró él, aún abrazándola con fuerza.
Ava asintió despacio, y él la guió hacia el coche, tomando también la mano de Dunkan, quien se acomodó felizmente entre ambos. El trayecto fue en silencio, pero no de esos silencios incómodos, sino de esos llenos de pensamientos, de emociones que no ne