Leonardo se dejó caer en el sillón de su despacho, con la mirada perdida en el horizonte que se extendía más allá de las ventanas. El crepúsculo teñía la ciudad de tonos anaranjados y púrpuras, pero él no veía nada. Su mente estaba atrapada en un bucle de pensamientos caóticos, sin encontrar salida.
El anuncio de Valeria había sido como un mazazo inesperado. Embarazada. Las palabras aún resonaban en su cabeza, secas, como si pertenecieran a alguien más. Nunca había imaginado que se encontraría