Entonces me quedé sin palabras.
— Divorciémonos... — dije finalmente.
— De acuerdo — respondió él.
Me esforcé muchísimo por repetirme internamente "llorar no es bueno para el bebé" para evitar romper en llanto frente a él. Pero cuando azotó la puerta al salir, no pude contenerme más y me deshice en lágrimas desconsoladas.
Cuando ya no me quedaron más lágrimas, Emilio me llevó en su auto a casa de mi padre. Después del divorcio con Alejandro, nunca más volví a verlo. Así es, él tampoco intentó bu