60. Irina, es hora de bailar.
Amir observó el lugar por donde había salido su hombre de confianza durante unos minutos, hasta que la voz de Asad a su espalda lo hizo sobresaltarse. Intentó disimular su turbación.
¿Cuánto tiempo llevaba Asad ahí? ¿Habría escuchado algo? ¿Se habría dado cuenta de la situación?
—Amir, ¿qué pasa? —preguntó Asad al notar la sorpresa de su hijo.
—No pasa nada, padre —sonrió Amir, intentando disimular su nerviosismo.
Asad lo observó dubitativo, pero decidió no preguntar más. Demasiados sobresaltos