12. Lo hago con quien quiero, cuando quiero.
El hombre se movía peligrosamente empujándola al caminar hasta llevarla a la cama, haciéndola caer y echándose sobre ella, pero sin llegar a tocarla, sosteniendo el peso sobre sus manos las cuales apoyaba en el colchón y sobre sus rodillas, parecía decidido a intimidarla sin realmente lograrlo porque estaba mucho más excitada que asustada, excitación que estaba muy acostumbrada a fingir, pero no a experimentar realmente.
— Ni siquiera eres mi tipo, me gustan menos zorras.— la respiración de Iri