Ella se le quedó mirando, por lo menos sabía que ella no le era indiferente, porque a medida que pasaban los minutos y las horas compartiendo con Steve Lonergan, Bridgette había ido reconociendo que este hombre la perturbaba, al menos físicamente, en otras palabras: la excitaba. Y reconocer eso hacía que algo en ella fuera cambiando, generando un extraño calor que le llenaba el pecho de ternura.
—Me encanta cuando eres sincero conmigo —le dijo— Me haces sentir bien, yo no sé qué va a pasar en e