¡Se veía tan hermosa! con la cara transformada en una máscara de placer y lujuria al mismo tiempo, mientras unas gotas de sudor corrían por su frente, producto del esfuerzo y el calor quemante que llevaba por dentro mientras ambos se entregaban por completo al placer del momento fabuloso que vivían. Él admiraba sus fina cintura y sus hermosas caderas, que él abarcaba con sus manos en ese momento, también sus hermosos y turgentes senos, plenos por el placer que estaba sintiendo en esos instantes