Capítulo 188
Sola en la sombra
Vivian no sentía las manos en el volante.
No sentía los dedos, las piernas ni siquiera los latidos del corazón.
Solo sentía una conmoción, de esas que te entumecen el cuerpo hasta el punto de que incluso respirar se convierte en un esfuerzo.
Conducía a ciegas, con la vista nublada por las lágrimas que no podía contener. Las luces de la ciudad se dispersaban como estrellas en el agua, cada una estirándose y doblándose con el coche. En cada semáforo en rojo, presion