CAPÍTULO 295
Los instintos de Vivian se intensifican
Vivian había aprendido a confiar en el silencio.
No en el silencio pacífico, sino en el que se colaba cuando algo se ocultaba.
Era ese silencio el que sentía ahora.
La habitación parecía la misma. Las paredes eran del mismo color pálido. Las máquinas zumbaban con el mismo ritmo constante. Su bebé dormía contra su pecho, cálido y real, respirando suavemente.
Sin embargo, todo se sentía… alterado.
No estaba mal.
Todavía no.
Solo había cambiado.