CAPÍTULO 294
Linda observa el montaje
Linda no caminó hacia el pasillo con urgencia.
Eso solo inquietó al personal.
La urgencia podía preverse. El pánico podía controlarse. La ira podía redirigir.
Pero la calma de Linda —sus pasos pausados y pausados— se sentía como una mano que apretaba lentamente el cuello de todos.
Se movía como si tuviera todo el tiempo del mundo.
Sus tacones producían un suave y mesurado sonido contra el suelo del hospital; cada paso resonaba débilmente en el amplio pasill