CAPÍTULO 256
El juego ha comenzado
El pasillo finalmente quedó en silencio.
Linda había salido furiosa con sus hombres; sus tacones resonaban con odio por todo el edificio. En el momento en que desapareció por las puertas de cristal, la enfermera a la que había sobornado —la enfermera Amara— exhaló un largo y tembloroso suspiro. Le temblaban las manos mientras aferraba el teléfono en el que Linda había metido el dinero.
Miró a su alrededor con fiereza, temerosa de que alguien la hubiera visto.