CAPÍTULO 213
El Día del Nombre
La suave luz de la mañana se filtraba a través de las persianas, tenue y dorada, rozando suavemente mi rostro. Mis ojos se abrieron lentamente; mi cuerpo aún me dolía, pero ya no temblaba como hacía apenas unos días. Por un momento, me quedé allí en silencio... escuchando.
Y entonces lo oí.
Un pequeño gemido.
Un llanto suave y frágil.
Mi hijo.
Mi corazón se encogió con tanta fuerza que casi me dolió.
Siete días.
Siete largos días desde que lo trajimos al mundo. Si