El sobre negro todavía está sobre la mesa cuando despierto.
Me quedo parada en la puerta de la cocina mirándolo, esperando la misma caída fría que me dio anoche. Llega, pero más pequeña esta vez, como una ola que ya pierde fuerza antes de llegar a la orilla.
Paso de largo.
No lo toco. No lo vuelvo a leer. Preparo café como si no estuviera ahí en absoluto, y algo dentro de mi pecho se afloja con cada paso que doy que no sea hacia esa mesa.
Si quieren controlar mi futuro, tendrán que atraparme vi