Desperté todavía sintiendo el calor de la mano de Lucien alrededor de la mía.
Durante un instante, limpio y sin defensas, eso fue lo único que ocupó mi mente. Entonces la voz del Presidente volvió a mí, baja y absoluta, cubriendo aquel recuerdo como una capa de hielo.
Despierten el Protocolo Soberano.
La noche anterior, Lucien me había confesado que había querido tomar mi mano durante quince años. Esa mañana, la institución que lo había criado había activado algo lo bastante poderoso como para