—No te preocupes. Entraste por tus propios méritos, no hay razón para despedirte.
Carmen sonrió radiante.
—¡Lo sabía! Sabía que la jefa no es injusta.
—Deja de halagarme. El puesto de asistente no es fácil. Como entraste por el proceso regular, tendrás que esforzarte igual que los demás.
Para su sorpresa, Carmen asintió sin vacilar.
—No hay problema, estoy lista.
Lorena sonrió y se volvió hacia Javier.
—Asegúrate de guiarla.
—Claro, jefa —dijo Javier, sonriendo—. ¿Empezamos contestando llamadas?