Javier asintió.
—Te he asignado dos conductores personales. Te los presentaré en un momento.
—Perfecto.
Lorena no esperaba que los conductores que Javier había encontrado fueran dos jóvenes apuestos, todos ellos alrededor de los veinte años. Vestían trajes impecables, eran altos y de facciones finas, con cabello rubio y ojos azules. Lo más sorprendente era que los dos eran idénticos.
Sentada en su oficina, Lorena los observaba detenidamente. Javier, sonriendo, le explicó:
—Tienen nombres en espa