Lorena le miró, con voz fría y clara.
—Es todo un fingimiento, pero por desgracia, aunque mueras, no te dejaré marchar.
Urso le siguió y se le entumeció el cuero cabelludo.
Henry estaba golpeado y ensangrentado por todo el cuerpo, no le quedaba ni un trozo de piel en buen estado.
Se convulsionaba de dolor, sus órganos parecían haberse desplazado.
La sangre se filtraba por su camisa clara y salía, moteada de escarlata. Era una escena espantosa.
Urso ligeramente conmocionado, momentáneamente incap