—A Lorena no le gustan los hombres desaliñados.
Juan se lo pensó y asintió levemente.
—Bueno, ve.
Elena maldijo mentalmente, «¿Es esto un hombre?»
«¿Se queda en el coche y me deja entrar para entregarle un paraguas?»
«¡El comportamiento caballeroso de un hombre es todo fingido!»
Se rio, abrió la puerta y salió del coche, corriendo bajo la lluvia.
Lorena estaba sentada en el salón, bebiendo leche, mirando el correo electrónico y ocupándose de algunos asuntos de la empresa.
Al oír llegar el coche,