Capítulo 57
Lorena arrugó ligeramente el ceño:

—¿No fuiste al hospital anoche?

¿Recordaba a Susana apareciendo, hablando de estar a su lado?

Juan gruñó, con voz grave:

—Eres un corredor rápido, ¿y me dejas ir solo?

Miró su reloj y enarcó una ceja:

—¡Justo a tiempo, ahora vamos!

Lorena miró el reloj y se negó en redondo:

—Lo siento, he quedado con alguien, busca a otra persona que te acompañe, yo correré con los gastos.

Juan se quedó helado, las venas saltaron en las comisuras de su frente mientras su rostro
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