Lorena arrugó ligeramente el ceño:
—¿No fuiste al hospital anoche?
¿Recordaba a Susana apareciendo, hablando de estar a su lado?
Juan gruñó, con voz grave:
—Eres un corredor rápido, ¿y me dejas ir solo?
Miró su reloj y enarcó una ceja:
—¡Justo a tiempo, ahora vamos!
Lorena miró el reloj y se negó en redondo:
—Lo siento, he quedado con alguien, busca a otra persona que te acompañe, yo correré con los gastos.
Juan se quedó helado, las venas saltaron en las comisuras de su frente mientras su rostro