La brusquedad de Juan, a su vez, hizo que Lorena se pusiera rígida.
Suspiró y sacó una foto de la taquilla de su coche.
Las pupilas de Lorena se contrajeron al mirar a la persona que había dentro.
La persona que aparecía en ella, con traje de neopreno y saludando a la cámara desde las profundidades del océano, era Polo.
A imagen y semejanza de Hugo, para ser exactos.
¡No sabía que sabía bucear en las profundidades!
—Te salvó, pero no jugándose la vida. —dijo Juan con un toque de sarcasmo.
—Ya er