Bajo el sol, Lorena no sentía calor, sino ráfagas de frío y escalofríos.
Polo, frente a ella, tenía una cálida sonrisa en el rostro, pero sus ojos estaban envueltos en una niebla fría que proyectaba una sombra.
Volvió al país sin presionarla demasiado, con suficiente respeto y educación.
Pero ese respeto se basaba en el hecho de que ella sería mujer suya tarde o temprano.
El corazón de Lorena se hundió mientras le miraba con el ceño fruncido.
Si la desaparición de Miguel tenía algo que ver con é