María tenía la cara tan encharcada que apenas podía hablar, su rostro pasaba del blanco al morado.
Sintió que se asfixiaba antes de que Lorena la sacara del lavabo.
María jadeaba, su cuerpo temblaba y el miedo se extendía por todo su cuerpo.
Tenía el maquillaje corrido, las lágrimas mezcladas con agua y el cuero cabelludo dolorido y entumecido.
Lorena se colocó detrás de ella y le preguntó con voz fría: —Ahora, ¿puedes hablar como humana?
María apretó los dedos sobre la encimera de cristal