Eulogio sonrió y cambió de tema con un saludo animado y humilde.
Era simpático y bromista, y nadie le faltaría al respeto al señorito del Grupo Gómez.
Pronto le apartaron para tomar una copa.
Lorena llevaba hoy un vestidito negro que enmarcaba su esbelta figura, su larga melena rizada le caía a los lados, dejando al descubierto su delicada clavícula y la piel de sus hombros como cálido jade.
Vio a Juan y se acercó con una sonrisa, —Señor López, qué casualidad.
Aunque pensaba renunciar al pl