Lorena se rio de él y le descubrió: —Estás celoso y enfadado, ¿por qué no acudiste a mí?
Pensó que él ya no quería nada con ella.
«Juan es tan raro.»
—Estaba esperando a que se te pasara el enfado. —dijo Juan.
—¿Qué? ¿Cómo sabes que no estoy cabreada?
—Que vengas a mí significa que se te ha pasado el cabreo, ¿no? —dijo Juan.
Lorena pensó para sí que los hombres tenían unos circuitos cerebrales maravillosos.
El palco no era adecuado para que hablaran de asuntos personales.
Las dos persona