Capítulo 386
Nadie en la sala de conferencias se atrevía a hablar, incluso su respiración era cautelosa.

El indisimulado rencor de Lorena hacía temer que Juan estallara en cólera al segundo siguiente.

Los bordes afilados del centro comercial eran invisibles, pero los sentimientos eran claros y nítidos.

Ninguna investigación previa era inútil. Hasta la confrontación de este momento, era el momento de decidir el ganador.

Juan rio suavemente, —Lorena, ¿cuáles son tus calificaciones?

Lorena extendió la mano
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