Era como si el final se hubiera predicho.
Todavía no habían salido de la comisaría.
Luis se apresuró entonces a acercarse con sus hombres, con el rostro algo serio y complicado.
—Juan...
Juan levantó los ojos distraídamente y no habló.
Luis se acercó a él y se inclinó para hablarle en voz baja:
—Sé dónde está Amancio, no llames a la policía por esto.
Juan le miró por encima del hombro y le dirigió una mirada fría y severa.
El aura se enfrió al instante.
Fiona estuvo en todo momento pendiente de