Lorena no quiso explicar ni una palabra y se apresuró a cambiarse de ropa.
Cuando salió, Juan estaba listo.
Allí de pie, su expresión era un poco fría y hosca, pero su voz seguía siendo amable:
—¡Vamos, te mostraré un buen espectáculo.
Lorena:—¿Qué?
Juan sonrió, sin dar explicaciones, salvo que parecía haber cierto peligro en aquella sonrisa.
La condujo a la rotonda del tercer piso, justo para ver la puerta del palco de enfrente de anoche.
En este momento, un grupo de personas estaba rodeando la