Lorena se pellizcó para mantenerse despierta, le dio mucho asco y no esperaba que se cayó en un truco tan desagradable.
Empujó a Tiana sin miramientos y gritó:
—¡Fuera, el señor Martín estará aquí pronto, y ninguno de los dos escapará.
Al oír eso.
De repente Tiana ladeó la cabeza y se echó a reír, con alegría de triunfo entre las cejas:
—El señor Martín vendrá, por supuesto, sólo que la dirección que le dimos no es aquí, es otro sitio, y cuando vaya, le explicaremos que nos equivocamos de direcc