La boca de Lorena tartamudeó y se acercó mientras Juan cogía una carpeta en la mano y se la entregaba:
—Aquí está el contrato para el proyecto Agualio, ¿no lo has querido siempre, entra en el coche.
Vino preparado.
Lorena se paró frente a la puerta del coche y no se movió, sólo la comisura de sus labios se enganchó.
Juan estaba a punto de salir del coche y abrirle la puerta cuando Lorena volvió a cerrar bruscamente y con fuerza la puerta que él había empujado ligeramente.
Menos de tres segundos