Juan le miró fríamente, con un tono carente de temperatura:
—Lorena perdió el bebé que llevaba cuando Susana la atropelló, ¿no debería odiarla?
Al oír eso, Luis se quedó completamente estupefacto.
Se quedó de piedra, como si le hubieran golpeado en la cabeza:
—¿Cómo puede ...?
Nunca había oído a Susana hablar de ello.
Juan desvió la mirada, con un ligero movimiento en la garganta, y un tono un poco más frío:
—Repito, no te metas donde no te llaman.
Se levantó, se alisó los botones del traje, con