María López
Lo primero que sentí fue el latido en mis sienes. Lo segundo fue el pavor frío y vacío en la boca del estómago. Ni siquiera me quité el rastro del sueño de los ojos antes de que mis dedos buscaran a tientas el teléfono en la mesita de noche. Mi corazón golpeaba contra mis costillas mientras la pantalla cobraba vida, con un brillo que me escocía en los ojos.
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Me desplacé frenéticamente, con el pulgar temblando sobre el cristal. Espe