El frío peso de la revelación sobre el incendio del condominio de la playa se asentó profundamente en mis huesos. Las muertes de mi hermana y de mi mujer no habían sido un trágico giro del destino o un accidente aleatorio. Fueron el daño colateral de una guerra de décadas entre Angelo Martins y Antonio de Carpio, el hombre que actualmente se hacía pasar por mi socio comercial, Diego.
Ahora que Angelo había salido de las sombras a la luz, sabía con certeza que finalmente teníamos una pista real