paciencia agotándose. — 92
La boca de Christiano se abrió de par en par antes de que una carcajada fuerte y atronadora escapara de él.
"Ha, ha, ha..."
El sonido resonó con fuerza en la oscura habitación subterránea. Lo ignoré y me senté en la silla de ruedas de cuero junto a su computadora portátil principal, navegando con cuidado entre el caos esparcido por el suelo. Había latas de cerveza vacías apiladas cerca del escritorio. Tazas de café frías y a medio terminar se amontonaban como pequeñas torres, junto a platos