María López
—No te preocupes por eso —dije, con la voz temblorosa. ¿En qué estaba pensando? Llamarlo había sido un error, un momento de pura y desesperada debilidad. Alargué la mano hacia el botón de finalizar llamada, con el pulgar sobre el icono rojo.
—Espera, no me cuelgues —dijo Carlos. Su voz era como terciopelo, envolviendo mis nervios deshilachados.
Hice una pausa, cerrando los ojos con fuerza. —En serio, Sr. Carlos, no era mi intención. Yo solo... solo necesitaba a alguien con quien hab