Dame tu portátil. — 116
Maria
Dejé que la puerta de la cocina se cerrara de golpe a mis espaldas, ocultando a Alan de la vista.
—Emmy —dije, y mi voz se impuso al siseo de los quemadores de gas—. Dame tu portátil. Ahora.
Ella no hizo preguntas. Vio la expresión de mi rostro, metió la mano bajo el mostrador de pase y sacó su desgastado portátil plateado, deslizándolo sobre el acero inoxidable. Saqué la unidad de datos plateada de mi bolsillo y la encajé en el puerto lateral. El disco zumbó, y su pequeña luz azul p