Los miré a ambos.
Estaba cansada. No solo en mis huesos, no solo por las horas que pasé recorriendo los estériles pasillos del hospital, sino en lo más profundo de mi alma. Todo en mí se sentía al límite, como un cable tensado a un segundo de romperse. Pero a pesar del agotamiento, había una pregunta ardiendo en el fondo de mi mente. Algo importante. Algo que marcaba la diferencia entre respirar y asfixiarse.
— Ahora que tienes a alguien más para manejar la situación del bebé, ¿todavía tengo qu