Fedora decidió quedarse y cuidar a su hija, ella misma.
—Iré a la casa a cambiarme y volveré, cariño —dijo Bruce.
—No vuelvas, hasta mañana, déjame con mi hija.
Bruce la miró serio
—Como quieras.
El hombre di la vuelta y se fue. Ni siquiera se despidió de nadie.
—Madre, ¿Quieres que me quede a tu lado?
—No, vayan a descansar, Kenneth, por favor.
Él asintió.
—¿Irán a la mansión Leeman? —preguntó Claudette
—No, queremos ir a la mansión Lang, sería mejor, si ustedes lo permiten.
—Claro,