CAPÍTULO 34

Camila apretó los puños con fuerza, tratando de contener el enojo que le hervía en la sangre. Sus ojos, cargados de reproche, se clavaron en el hombre que tenía enfrente, tan sereno, tan impasible... disfrutando tranquilamente de una copa de vino blanco. Ella sabía perfectamente cuándo la había servido.

De no ser porque en esa casa había una regla que debía respetar —la de mantener las formas—, ya le habrí

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