La piel de me erizó y las piernas me temblaban. El sonido del metal a máxima velocidad retumbaba en mi tímpano.
Cerré los ojos con fuerza.
La sierra atravesó el yeso con facilidad. Mi brazo entero vibraba a la par de la sierra.
Los minutos pasaban y no sentía dolor alguno. Eso significaba dos opciones:
Uno: La sierra no me había tocado en lo más mínimo.
Dos: La sierra me había arrancado el antebrazo junto a todos sus nervios y por eso no sentía nada.
Abrí un ojo, presa del pánico.
Mi brazo esta