Capítulo 34: Traidores a la vista.
En el auto, dejé de llorar. El corazón lo tenía destruido, pero el simple gesto de sostenerme para que no me cayera fue todo lo que necesité para sentir un soplo de aire fresco.
Derek conducía en silencio. Su gesto era severo y cargado de odio.
―¿Podemos hablar? ―pregunté con gallardía.
―Sí, hablemos ―dijo con falsa felicidad―. He sido muy indulgente contigo. Es hora que te enteres de las clausulas importantes. Si me eres infiel, pagas medio millón de dólares. Si no estás en la casa antes de l