La espera fue tortuosa. Las manos de Derek viajaban de mi cintura a otras partes de mi cuerpo. No sé que zona me causaba más conflicto, cuando tocaba descaradamente la silueta de mis caderas o cuando manoseaba mis costillas, un centímetro por debajo de mis pechos. Y yo no podía hacer más que aceptar sus caricias.
Katy nos miraba con los brazos cruzados y los labios apretados. Podía ver la envidia dominando sus ojos. Ella quería estar en mí lugar, ella quería ser la señora Fisher. Siempre lo ha