Capítulo 15: Sed de sangre.
―Erika, sal del maldito coche ―gruñó y me obligó a salir del coche de un tirón, tomando mi mano con posesión.
Me enfrenté a la vista del edificio, se sentía más grande e imponente, como si fuera a caerse sobre mí.
Inconscientemente, apreté su mano. Él aprovechó la acción para hacerme avanzar.
―¡Derek, por favor! ―supliqué.
Entramos en el edificio. Apenas dimos un paso cuando el silencio cayó sobre nosotros, decenas de cuellos giraron en nuestra dirección.
Derek me susurró con